lunes, 9 de noviembre de 2015

HOMINI LUPUS. DESPUÉS DEL 7N.

Hubo un tiempo en el que el bien común importaba a más seres humanos. Nunca a todos, pero sí a muchos más. Importaba la fuerza y la salud de cada una, de cada uno; las tierras comunes, los frutos comunes, el fuego de todos, la honestidad, la templanza, la solidaridad.  
Pero he aquí que un día el egoísta cavila y urde una estratagema para poder continuar con su egoísmo sin ser señalado, sin ser condenado por la comunidad a la vergüenza y al ostracismo. Con mucho descaro y aún mayor labia, va haciendo creer a los demás, día a día y sin descanso, que su forma de comportarse no sólo es la más natural, sino que es bella y es buena.
Que querer apropiarse de cuanto más dinero mejor, es lo que hace- y lo que debe hacer- cualquier hombre que es sincero consigo mismo. Que pelear y conquistar tierras y bienes ajenos es saber ser un héroe. Que someter a otros seres humanos  y tratarlos como esclavos es convertirse en señor. Y que someter a las mujeres y hacerles saber quién manda es convertirse en el mejor y el más feliz de los hombres. Todas esas cosas forman parte indisoluble de un todo, que se llama masculinización: la forma en la que los egoístas institucionalizan su egoísmo llamándolo masculinidad, hombría, heroicidad.
Millones de hombres se apuntan al carro, aunque saben muy bien que el cuento que se están contando no es de ningún modo cierto. Que para que el mundo gire y continúe existiendo es necesario que la mayor parte de la humanidad no se comporte como ellos. Que es imprescindible que haya un buen número de personas que sigan preocupándose por el bien de todos, incluido el de ellos. A esos otros, les llaman mujeres; les llaman afeminados; les llaman esclavos o siervos. Y les echan la culpa de serlo.
Por eso al capitalismo o a cualquier otra clase de poder le resulta tan difícil deshacerse de algo como el machismo y la violencia que subyace en él. Porque forma parte de la violencia que el propio poder ha ejercido desde siempre, pero que para poder ejercerse, necesita primero haber sido naturalizada, institucionalizada, transformada en lo natural, en lo bueno y en lo bello.
Los crímenes machistas dicen mucho de los individuos que los cometen, pero dicen más del gobierno que los tolera y pretende que no puede hacer más. Porque el poder que así se comporta es el que más suele necesitar de hombres y sociedades que crean que esa violencia, que esa agresividad y que ese egoísmo son lo que se llama ser hombre, ser humano, ser un animal racional. 
Que el hombre es un lobo para el hombre ha sido siempre la frase favorita del lobo, en última instancia la de gobiernos de lobos, pero nunca, jamás, la de un hombre o un gobierno democrático de verdad.
A tan sólo dos días del 7N, en nuestro país ya hay cinco mujeres asesinadas más.



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